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Diario de una Coordinadora Gestalt: maratón grupal y polaridades. Julio 2015

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El último fin de semana de primero fue muy intenso, disfruté muchísimo del tiempo que pasamos trabajando. En ese momento, la verdad, es que pensé que es maravilloso disfrutar trabajando. Un trabajo en el que tengo ganas de empezar de nuevo, y espero el momento con ilusión, aunque esto no ha quedado reflejado en el tiempo que he tardado en escribir esta entrada. Durante este último fin de semana de primero, nos acompañó María Jesús Armas, directora del Instituto Gestalt de Canarias, con la que abrimos el curso y ahora también lo cerramos. El fin de semana hablamos de las polaridades. Polaridad es un término que utilizamos en la Gestalt, creo recordar que el primero que habló de este concepto fue Carl Gustav Jung, que nos habla de las distintas partes de nuestra manera de ser, es decir, hay veces que con una persona soy muy cariñosa, y con otra muy fría y distante. Solemos ser de una manera (amables, cariñosos o chistosos) pero esto no significa que siempre tenga que ser así, puedo ser en algunas ocasiones de otra manera, adaptada al medio. Muchas veces no nos permitimos una parte de nosotros mismos, porque valoramos que no está bien que yo sea de esta manera, negamos ciertos aspectos nuestros porque creemos que no son buenos. Desde la terapia Gestalt invitamos a las personas a transitar por esas polaridades negadas. Por ejemplo, en un experimento controlado, en la sala, hacemos una obra de teatro en la que cada alumno es un personaje que es lo contrario a lo que normalmente muestra (una persona que muestra su lado más bueno o más correcto, podría interpretar a la niña de exorcista, a una persona que insulta y que grita, o a una ejecutiva agresiva a la que sólo le importa hacer dinero y hace lo que sea necesario para conseguir sus objetivos). Con esto se busca que la persona experimente cómo se siente al representar a un personaje contrario a sí mismo. Lo que se busca es encontrar el equilibrio yendo hacia el otro polo, siendo el equilibrio el ir hacia un lado o hacia el otro en función del momento. 

La noche del sábado tuvimos cena de fin de curso y amigo invisible, fue una noche muy divertida y sentí que ya éramos un grupo muy formado. El domingo, tuvimos una dinámica preciosa en la que uno a uno salimos al centro a hablar de nuestra evolución durante este año, y yo como tutora también he tenido la mía propia. Elegi la canción “el camino de los sueños” de Antonio Carmona, ya que para mí representa este curso, el acompañar a otros mientras caminamos por la vida.

Hay varios temas burocráticos que me doy cuenta que no los he tenido en cuenta durante este curso, y es importante que para cursos venideros tenerlos presentes, como por ejemplo, la renovación de la matrícula, en próximos cursos quiero anticiparme para que no acabe el curso y no tener la información necesaria para el curso siguiente, incluso hablarlo y aclararlo en la tutoría a final de curso, me resulta engorroso tener que estar durante las vacaciones (mías y sobretodo de ellos, porque todo el mundo tiene la cabeza en otro sitio, y no en el pago del siguiente curso).

Quiero concluir diciendo que ha sido un placer trabajar con este grupo tan comprometido, tan amoroso y tan entregado, soy afortunada. Y en breve empezaremos el nuevo curso.

Diario de una Coordinadora Gestalt: mecanismos de defensa, evitación y adaptación. Junio 2015

imageFin de semana en el que he aprendido a que no tengo que hacer más que el paciente. El terapeuta que vino ese fin de semana es muy distinto de los otros terapeutas que vienen a la formación, parece que hace muy poco, no trae nada preparado y trabaja con lo que surja en el grupo, con lo que hay, pero cuando miras hacia atrás el domingo, comprendes lo rico que ha sido el taller. Cuando yo hice mi formación, llamábamos al primer taller que vino Patxi Sansinenea, el taller del silencio, en el que personalmente lo pasé muy mal, ya que al darme vergüenza en aquel momento hablar en el grupo, me sentí muy incómoda con todo aquel silencio, ya que pasé todas las horas debatiéndome conmigo misma que debería hablar pero no lo hice. En esta ocasión viví el taller de una manera muy distinta, disfruté de esos silencios, que no me parecieron ni tan largos ni tan sorprendentes. Disfruté viendo lo que generaba este terapeuta en los alumnos, y cómo cada uno interpretaba lo que allí sucedía. Hubo un momento en el que me di cuenta de algo importante como tutora y como terapeuta, que es que yo no tengo que hacerlo todo, que la persona tiene todo lo necesario para salir adelante, y yo puedo estar disponible, pero no tengo que hacer todo lo que está en mi mano para que la persona salga de la situación en la que se encuentra, esa persona tiene la capacidad de pedir mi ayuda, si no lo hace es que no lo necesita, ya que puedo confiar en que esa persona puede salir adelante. Muchas veces intento salvar a la persona, asumiendo la responsabilidad de lo que la persona puede hacer, y lo que pasa es que yo hago más que esa persona, por lo tanto es fácil luego asumir la culpa porque eso no haya funcionado, y la verdad es que yo sólo soy responsable de las cosas que hago yo.

El terapeuta nunca puede ser más listo que el paciente. Porque si lo fuera podría estar perdiéndose mucha información. Eso de “ya sé lo que te pasa” solo ocurre en las películas americanas”